Ayer fué un día raro. Cuando te llevas tanto tiempo ahorrando ratos libres y teniendo prisas por todo, un día en el que tu única obligación es devolver el coche y teléfono de la empresa (y sin prisas) te resulta cuanto menos inquietante.
Después de dejarlo todo, me dí un paseo hasta el metro y tuve sensación de liberación. Nadie me esperaba para hacer nada, por lo que seguí paseando hasta la siguiente parada. No siempre se tiene tiempo de pasear bajo el sol a la una de la tarde con tu mp3, a esa hora se suele estar mirando el reloj para ver que queda una hora para salir a comer.
Hoy, a comer a casa de mi madre, donde otras veces he ido con el tiempo justo y no podía ni sentarme un minuto en el sofá. Ayer me senté, y no podía evitar un gusanillo en el estómago que me decía: "te tienes que ir...", "vas a llegar tarde..." y entonces pensaba: ¿y que pasa? ¿me van a echar? y el gusano se dormía.
No se me quita aún esa sensación de culpabilidad por estar en casa a estas horas. Y es que nos enseñan desde pequeños a tener una rutina diaria de la que rara vez sales, y cuando eso ocurre les llamamos ocasiones especiales como festivos, vacaciones, asuntos propios, bajas,... que siempre se te hacen cortas. Tengo que cambiar esto porque así no vamos a ninguna parte.
Para terminar el día cené... ¡hamburguesa de surimi! Pues sí que fué raro el día.

es como los 2 primeros dias de vacaciones, que te da calambritos el estomago, diciendote 'muevete mamón', al tercerto se te pasa, por eso los findes tienen solo 2, para que no durmamos en los laureles
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