No sé si será una Ley de Murphy aquello de que tras una semana de trabajo intensa y en la que los días soleados te incitaban a salir corriendo o "ponerte malo" de repente, esas semanas interminables en las que se te ocurría de todo para hacer a partir del viernes por la tarde, y se te iba a quedar más corto que nunca el fin de semana, resulta que a eso de las 12 de la mañana del viernes empieza a llover. Y sigue por la tarde. Y por la noche. Y el sábado te levantas y ahí está la lluvia, todo el día lloviendo... a ver que tal el domingo. Más de lo mismo. Lluvia y más lluvia, que sobre las 7 u 8 de la tarde va desapareciendo poco a poco y milagrosamente, el lunes tempranito, ya se ha ido y luce un cielo despejado al que te dan ganas de escupir aún sabiendo que te lo va a devolver con toda seguridad.
Pues hoy hace dos semanitas desde que estrené posición social y creo que estoy viviendo un fin de semana de esos pero interminable. Creo que no ha parado de llover desde entonces y de momento los planes que se me habían ocurrido para mis "ratos libres" están más empapados que Mimosín en su bautizo. Es como el día de la marmota pero sin gracia. Este fin de semana, que ha sido "grandisoso" en cuanto a lo climatológico en toda España, hemos estado de casita rural. Al menos he visto llover desde otra parte. Me queda el consuelo de que en Beijing hace sol estos días, así que si la cosa sigue fea por aquí y todo continúa igual por allá, las vacaciones no serán tan húmedas. Que tontería.
Bueno, esperemos que el anticiclón de las Azores nos haga una visita, que ya le vale este año.
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